miércoles, 19 de diciembre de 2007

FOTOS I. Kevin Carter: La foto o la vida.


Por esta fotografía Kevin Carter recibió el Premio Pulitzer en 1994. La imagen fue tomada en Sudán y publicada en la primera plana de The New York Times.
Nacido en Sudáfrica en 1960, apenas dos años antes de que Nelson Mandela comenzara sus 27 años de prisión, Kevin Carter descubrió pronto que ser blanco en su país era un privilegio generalizado y al mismo tiempo un insulto particular que lo colocaba del lado de los injustos. Por eso no vaciló un instante, desde que descubrió el periodismo a sus 24 años, en convertir su cámara en una herramienta para combatir el apartheid. Su primer trabajo, que sería publicado en The Johannesburg Star, fue cubrir las protestas de jóvenes militantes negros en Soweto, reprimidos ferozmente por la policía y el ejército. Fotos rápidas que intentaban capturar el instante. Fotos que una y otra vez ponían en riesgo su vida, a tal punto que junto con otros tres colegas terminaron por conformar un grupo conocido como "El Bang Bang Club": allí donde estaba el peligro, estaban ellos.
Pero su fotografía más conocida mundialmente poca relación tuvo con los machetes, las pistolas y los gases lacrimógenos. Era marzo de 1993 y estaba de viaje de vacaciones. No bien puso un pie en Sedán, se topó con la escena: la niña y el buitre. Sólo un instante vaciló. ¿Socorrer a la niña famélica y espantar al buitre, o esperar a que el buitre desplegara las alas ante su presa ya vencida? ¿De qué manera podría ser más útil? ¿Postergar la muerte de la niña otro día o tomar una fotografía que despertara las conciencias acerca del hambre y la miseria? ¿Ocuparse de lo inmediato, de lo individual, o apostar a que la idea cobrara peso? Como nunca antes, Kevin Carter esperó el momento propicio; la realidad había decidido ser mucho más lenta esa vez. A los veinte minutos, rendido ante el buitre que no se decidía a elevarse contra su presa, por fin gatilló la cámara.
La vida de Kevin Carter cambió por completo a partir de ese momento. A donde iba llevaba consigo la pregunta que no dejaban de hacerle: "Después de tomar la foto, ¿ayudaste a la niña?" En abril de 1994 recibió una llamada desde New York anunciándole que había obtenido el Premio Pulitzer por esa imagen. Sin embargo, ya no podía trabajar. Dicen que había caído en una profunda depresión y que cometía errores imperdonables, como el de perder los rollos de películas. Tres meses después de recibir el premio, el 27 de julio, se quitó la vida encerrado en su auto, estacionado a la orilla de un río.

Miguel Vitagliano

lunes, 10 de diciembre de 2007

Nerudianas II


En la clase de Español estuvimos viajando en las memorias del poeta chileno Pablo Neruda, Confieso que he vivido. A mí me llamó mucho la atención las partes en itálicas que aparecen de cuando en cuando e hice mi presentación sobre ellas. Estas zonas del texto se diferencian del resto del relato autobiográfico porque no narran una historia o un asunto específico.
Neruda destaca en ellas un tema importante en la época de su vida y lo evalúa, usando métodos y recursos que podrían ser llamados “poéticos” como el uso de la metáfora, los símbolos, la sátira, etc. Neruda habla de tópicos importantes en su vida, por ejemplo el valor de las palabras, lo absurdo de la religion, su experiencia e impresión del opio, la pena que siente por el destino fascista de España, el rol de la poesía, y la simpatía por los comunistas. Porque él está mostrando e ilustrando su punto de vista y su visión personal sobre estos temas las partes en itálicas podrían denominarse “mini ensayos”.

Algunos ejemplos
Los dioses recostados

Neruda, como todos sabemos, era comunista. Esto significa que no era practicante de la religión. En esta parte en itálica es apropiado que hable de la religión porque está puesta en medio de su viaje al oriente en donde la religión es observada en todos los rincones. No está necesariamente criticando la religión fuertemente pero demuestra, de manera sutil, lo absurdo que, según él, resulta el tema. Cuenta lo enormes que son las estatuas que la gente crea (como las estatuas de Buddha) y enfatiza irónicamente con respecto a su utilidad: “Y esa sonrisa de suavísima piedra, esa majestad imponderable hecha sin embargo de piedra dura, perpetua, a quién sonríen, a quiénes, sobre la tierra sangrienta?...Pasaron las campesinas que huían, los hombres del incendio, los guerreros enmascarados, los falsos sacerdotes, los devorantes turistas...”
La posición de Neruda en relación a la religión se muestra en el título en sí: “Los dioses recostados.” A los dioses que todos tanto alaban no les importan y no hacen nada acerca de los asuntos de los humanos. Son una contradicción “enteramente siendo y no siendo dios, siendo y no siendo piedra.”

Las máscaras y la guerra
Neruda participó en la guerra civil española, un acontecimiento que dejó marcada su alma para siempre. Él había sentido gran atracción por ese país, con sus poetas y escritores de la destacada Generación del 27, con su cultura y su hospitalidad. Fue una gran decepción cuando la guerra civil estalló y llevó como víctima a uno de sus mejores amigos y compañeros en el mundo de la literatura: Federico García Lorca.
Poco después, en referencia al tiempo en que es enviado a París tras el triunfo fascista, dedica otro de esos textos en itálicas centrándose en el dolor y la pena que siente al observar unas “máscaras” que había traído desde Siam, otros desde Bali, Sumatra, o desde el Archipiélago Malayo, desde Bandoeng.
Esas máscaras, sea que esté refiriéndose a ellas literal o metafóricamente, representan, sin embargo, la esperanza que el poeta tenía depositada en España: la oportunidad que tenían otras culturas e ideologías para existir en esa tierra. Los milicianos que pelearon contra los fascistas lo habían hecho “con las máscaras puestas”, defendiendo todo lo que aquellos representaban. Cuando ellos fueron abatidos también cayó algo en el interior de Neruda: “De alguna manera, con las máscaras que se fueron, con las máscaras que cayeron, con aquellos soldados que nunca invité, se había ido para mí España.”
Debora Lim

jueves, 6 de diciembre de 2007

Nerudianas


En el curso de Español 4 (Literaturas Comparadas) estuvimos leyendo las memorias de Pablo Neruda, Confieso que he vivido (1973), el último libro del poeta chileno que termina pocos días antes de morir.
Cada uno de los estudiantes tuvo que elegir una parte del libro y realziar su propio análisis.
Lo que sigue es una síntesis apretada de lo expuesto por Luisa Rollenhagen.
Espero que lo disfruten,
Miguel Vitagliano


Neruda y el Oriente – Los viajes del Poeta del Pueblo
Cuaderno 9 – Principio y Fin de un Destierro

Mientras ya nos habíamos familiarizados con varios aspectos de Pablo Neruda como poeta, es importante destacar el período entre 1949 y 1953, tiempo en el que viaja a Oriente, visitando a la USSR, la India, y China, entre otros países. Este viaje adquiere un papel decisivo en la creación de su libro Las Uvas y el Viento, y también muestra su fascinación por la filosofía y la naturaleza del Oriente.
En 1949 viaja por primera vez a la Unión Soviética para la conmemoración del centenario de Pushkin. Inmediatamente, queda fascinado por el primer país comunista que existía en el mundo, y llega a elogiar todo desde su inalcanzable belleza natural hasta y la atmósfera intelectual e inhibida que florecía bajo el sistema comunista (según sus observaciones). En Confieso que he vivido, sus memorias, comenta sobre la naturaleza del país, diciendo: “Lo primero que me impresionó en la URSS fue su sentimiento de extensión, su recogimiento espacial, el movimiento de los abedules en las praderas, los inmensos bosques milagrosamente puros, los grandes ríos, los caballos ondulando sobre los trigales. Ame a primera vista la tierra sovietica…” (p.268) En la Unión Soviética Neruda cree haber encontrado un país donde los escritores perseguidos podían encontrar refugio y expresar sus ideas con otros intelectuales, como era el caso del poeta turco Nazim Hikmet, quien se había exilado de su país y, según Neruda, encontró allí donde la poesía podía ser tan revolucionaria como la gente que vivía en él. Neruda siente haber encontrado un fuerte vínculo entre la naturaleza y el hombre en este viaje, y se siente identificado con la gente y el país por sus convicciones políticas y su posición como poeta. Para finalizar este viaje dentro de sus memorias, utiliza una metáfora extensa para describir al poeta dentro del contexto de la tierra rusa (“El trabajo de los escritores…hasta recoger cada vez una pesca mayor.”, p.273) Su gran admiración por este país ayuda a fortificar sus simpatías comunistas.
Por un tiempo también viaja a India después de haberla visitada durante su lucha por la independencia, y se enfrente a una gran decepción. Mientras recordaba la atmósfera revolucionaria y renovadora que había encontrado antes, se encuentra con un país ya fuertemente marcado por la modernización y el capitalismo, y se siente desilusionado por la administración altamente burocrática con la que se encuentra. También si se siente atraído por los intelectuales de India y su escritura oriental, su critica hacia el rígido Nehru cambian su opinión sobre un país que para el ha perdido toda su motivación revolucionaria.
Otro viaje importante que lo marca fuertemente a Neruda fue su viaje a China a través del Transiberiano. Estaba tan impresionado por el transiberiano y su trayectoria por el norte del oriente que compuse el poema “ Transiberiano” en La Uvas y el Viento, marcándolo como un símbolo de resistencia y victoria para el pueblo soviético. En China Neruda llegó para otorgar el Premio Lenin de la Paz a la viuda de Sun Yat Sen, del cual formaba parte del comité, otra muestra de su dedicación política. Es interesante observar como el poeta valoraba al país recientemente comunista, pero, sin embargo, en Confieso que he vivido sus criticas hacia el desorden y falta de dirección administrativa en el país sugieren su fuerte solidaridad con la URSS, que ya en 1951 había entrado en conflicto con China. Cuando habla de la gente de China, dice: “Pero hay dos clases de sonrisas chinas. Hay una natural que ilumina los rostros color de trigo. Es la de los campesinos y la del vasto pueblo. La otra es una sonrisa de quita y pon, postiza, que se pega y despega bajo la nariz. Es la sonrisa de los funcionarios.” (p.285)
Este viaje por el Oriente, en muchos casos su primera visita a varios países con ideologías y culturas fascinantes, Neruda encuentra un amor por la belleza natural de estos países y por la relación intima entre el hombre y la naturaleza, algo que el destaca fuertemente en sus poemas de esta época, sin dejando al lado el tono político que marcan sus experiencias.

Poemas para leer en Las Uvas y el Viento:

“Tenéis que oírme”

“El Transiberiano”

Luisa Rollenhagen