
En la clase de Español estuvimos viajando en las memorias del poeta chileno Pablo Neruda, Confieso que he vivido. A mí me llamó mucho la atención las partes en itálicas que aparecen de cuando en cuando e hice mi presentación sobre ellas. Estas zonas del texto se diferencian del resto del relato autobiográfico porque no narran una historia o un asunto específico.
Neruda destaca en ellas un tema importante en la época de su vida y lo evalúa, usando métodos y recursos que podrían ser llamados “poéticos” como el uso de la metáfora, los símbolos, la sátira, etc. Neruda habla de tópicos importantes en su vida, por ejemplo el valor de las palabras, lo absurdo de la religion, su experiencia e impresión del opio, la pena que siente por el destino fascista de España, el rol de la poesía, y la simpatía por los comunistas. Porque él está mostrando e ilustrando su punto de vista y su visión personal sobre estos temas las partes en itálicas podrían denominarse “mini ensayos”.
Algunos ejemplos
Los dioses recostados
Neruda, como todos sabemos, era comunista. Esto significa que no era practicante de la religión. En esta parte en itálica es apropiado que hable de la religión porque está puesta en medio de su viaje al oriente en donde la religión es observada en todos los rincones. No está necesariamente criticando la religión fuertemente pero demuestra, de manera sutil, lo absurdo que, según él, resulta el tema. Cuenta lo enormes que son las estatuas que la gente crea (como las estatuas de Buddha) y enfatiza irónicamente con respecto a su utilidad: “Y esa sonrisa de suavísima piedra, esa majestad imponderable hecha sin embargo de piedra dura, perpetua, a quién sonríen, a quiénes, sobre la tierra sangrienta?...Pasaron las campesinas que huían, los hombres del incendio, los guerreros enmascarados, los falsos sacerdotes, los devorantes turistas...”
La posición de Neruda en relación a la religión se muestra en el título en sí: “Los dioses recostados.” A los dioses que todos tanto alaban no les importan y no hacen nada acerca de los asuntos de los humanos. Son una contradicción “enteramente siendo y no siendo dios, siendo y no siendo piedra.”
Las máscaras y la guerra
Neruda participó en la guerra civil española, un acontecimiento que dejó marcada su alma para siempre. Él había sentido gran atracción por ese país, con sus poetas y escritores de la destacada Generación del 27, con su cultura y su hospitalidad. Fue una gran decepción cuando la guerra civil estalló y llevó como víctima a uno de sus mejores amigos y compañeros en el mundo de la literatura: Federico García Lorca.
Poco después, en referencia al tiempo en que es enviado a París tras el triunfo fascista, dedica otro de esos textos en itálicas centrándose en el dolor y la pena que siente al observar unas “máscaras” que había traído desde Siam, otros desde Bali, Sumatra, o desde el Archipiélago Malayo, desde Bandoeng.
Esas máscaras, sea que esté refiriéndose a ellas literal o metafóricamente, representan, sin embargo, la esperanza que el poeta tenía depositada en España: la oportunidad que tenían otras culturas e ideologías para existir en esa tierra. Los milicianos que pelearon contra los fascistas lo habían hecho “con las máscaras puestas”, defendiendo todo lo que aquellos representaban. Cuando ellos fueron abatidos también cayó algo en el interior de Neruda: “De alguna manera, con las máscaras que se fueron, con las máscaras que cayeron, con aquellos soldados que nunca invité, se había ido para mí España.”
Neruda destaca en ellas un tema importante en la época de su vida y lo evalúa, usando métodos y recursos que podrían ser llamados “poéticos” como el uso de la metáfora, los símbolos, la sátira, etc. Neruda habla de tópicos importantes en su vida, por ejemplo el valor de las palabras, lo absurdo de la religion, su experiencia e impresión del opio, la pena que siente por el destino fascista de España, el rol de la poesía, y la simpatía por los comunistas. Porque él está mostrando e ilustrando su punto de vista y su visión personal sobre estos temas las partes en itálicas podrían denominarse “mini ensayos”.
Algunos ejemplos
Los dioses recostados
Neruda, como todos sabemos, era comunista. Esto significa que no era practicante de la religión. En esta parte en itálica es apropiado que hable de la religión porque está puesta en medio de su viaje al oriente en donde la religión es observada en todos los rincones. No está necesariamente criticando la religión fuertemente pero demuestra, de manera sutil, lo absurdo que, según él, resulta el tema. Cuenta lo enormes que son las estatuas que la gente crea (como las estatuas de Buddha) y enfatiza irónicamente con respecto a su utilidad: “Y esa sonrisa de suavísima piedra, esa majestad imponderable hecha sin embargo de piedra dura, perpetua, a quién sonríen, a quiénes, sobre la tierra sangrienta?...Pasaron las campesinas que huían, los hombres del incendio, los guerreros enmascarados, los falsos sacerdotes, los devorantes turistas...”
La posición de Neruda en relación a la religión se muestra en el título en sí: “Los dioses recostados.” A los dioses que todos tanto alaban no les importan y no hacen nada acerca de los asuntos de los humanos. Son una contradicción “enteramente siendo y no siendo dios, siendo y no siendo piedra.”
Las máscaras y la guerra
Neruda participó en la guerra civil española, un acontecimiento que dejó marcada su alma para siempre. Él había sentido gran atracción por ese país, con sus poetas y escritores de la destacada Generación del 27, con su cultura y su hospitalidad. Fue una gran decepción cuando la guerra civil estalló y llevó como víctima a uno de sus mejores amigos y compañeros en el mundo de la literatura: Federico García Lorca.
Poco después, en referencia al tiempo en que es enviado a París tras el triunfo fascista, dedica otro de esos textos en itálicas centrándose en el dolor y la pena que siente al observar unas “máscaras” que había traído desde Siam, otros desde Bali, Sumatra, o desde el Archipiélago Malayo, desde Bandoeng.
Esas máscaras, sea que esté refiriéndose a ellas literal o metafóricamente, representan, sin embargo, la esperanza que el poeta tenía depositada en España: la oportunidad que tenían otras culturas e ideologías para existir en esa tierra. Los milicianos que pelearon contra los fascistas lo habían hecho “con las máscaras puestas”, defendiendo todo lo que aquellos representaban. Cuando ellos fueron abatidos también cayó algo en el interior de Neruda: “De alguna manera, con las máscaras que se fueron, con las máscaras que cayeron, con aquellos soldados que nunca invité, se había ido para mí España.”
Debora Lim
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