lunes, 30 de mayo de 2016

Carta de La Maga, de Laila Kwon

Carta de La Maga, de Laila Kwon

Una escritura sobre RAYUELA de Julio Cortázar 



Introducción

Esta es una hipotética carta que La Maga pudo escribirle a Horacio. Es un monólogo interior en el que le expresa algunos de sus sentimientos para reproducir el cambio de perspectiva que usa Cortázar al escribir Rayuela. Para que el texto tenga presente la esencia del estilo del autor, incorporo citas y nombres de diferentes pensadores para crear una especie de collage de vanguardia y algunos indicios de la música jazz. Al representar a Lucía (La Maga), este personaje presenta algunos cambios en su vida, como el de leer más libros y poder finalmente reconocer y entender conceptos que antes no habría podido comprender en el Club de la serpiente, sin dejar de lado la idea del amor platónico inalcanzable que ella representa para Horacio, desorganización al escribir  y el concepto del ready made con el que el personaje juega. Ella ha empezado una nueva vida en Latinoamérica, específicamente en Argentina, por lo cual este texto podría incluirse al final de la novela, como un tipo de cierre en la búsqueda sin fin del pobre Horacio.

Texto
Horacio, querido Horacio:
            Horacio, seguramente me has estado buscando. Deja de hacerlo, pues tú bien sabes que siempre andaremos sin buscarnos pero sabiendo que nos vamos a encontrar en algún punto. Probablemente nos encontraremos de vuelta, por eso te escribo. Te escribo porque sabes leer, si no no te escribiría o escribiría cosas más íntimas y sentimentales que no puedes saber de mi ser.
            Horacio, pues ahora te contaré lo que es de mi vida. No realmente ma vie, ya que contarte de mi vie sería contarte de mi alma. Te contaré de mi historia. Ya no me encuentro en París ni en Francia, estoy en Latinoamérica, el continente mágico del que tanto hablamos juntos. No te preocupes que vivo bien, trabajo de secretaria en una librería prestigiosa. Aquí, en mi tiempo libre he estado leyendo libros y más libros, ya que tengo que llenar mi enciclopedia día a día, ya que no está el Club de la serpiente para hacerlo.
            Así es Horacio: los sigo extrañando a todos ustedes, pero es estúpido llorar por la nostalgie. Aristóteles una vez dijo que “La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas”, espero que mi alma siga en ustedes, en vos Horacio. Hace unos días fui a un parque y encontré un paraguas, tú sabes, esas cosas de tela que se usan para cubrirnos de la lluvia, muy parecido a aquel paraguas. ¿Te acuerdas? Muy parecido a aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque yo lo había encontrado en la Place de Concorde, ya un poco roto, y lo usé muchísimo, sobre todo para meterno en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída yo. Todavía me acuerdo de esos hermosos días, pero supongo que Le rêve est un essai pour tâcher de nous faire assimiler des choses non encore digérées. Il est une tentative de guérison.
            En mi tiempo libre también escucho jazz. Louis Armstrong, Miles Davis y Billie Holiday armonizan y alegran mis días. Jazz,  la música de los ritmos ‘parapapa’ que tanto escuchábamos en París. También sigo trayendo a casa objetos que encuentro por diferentes lugares. Jazmines y lilas decoran mi casa. ¿Te acuerdas cuando una tarde aparecí en la rue du Cherche-Midi, cuando subí a tu pieza de la rue de la Tombe Issoire con una flor y una hoja de plátano del parque? Seguramente me siguió quedando esa costumbre. No solo eso, estoy repleta de relojes, medallas y diferentes estatuillas viejas. Hace unos días encontré una especie de juguete de metal que tenía la misma forma que la Tour Eiffel, el cual me hizo acordar a nuestros momentos vividos en aquel lugar.
            “Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal” dijo una vez  Friedrich Wilhelm Nietzsche. Quién sabe si tiene razón. Nosotros no estábamos enamorados, pero el sentimiento mutuo que teníamos era algo parecido a eso que llaman amor. Esa cosa que inexplicable que contiene sentimientos misteriosos e intensos. No sé por qué te digo esto Horacio, capaz si estoy dispuesta a contarte de mi vida y alma y no solo de mi historia.
He estado leyendo sobre Sartre, seguramente tu también lo conoces. El fluir de mi conciencia me ha dejado llegar al punto de pensar la problemática de que nuestra vida no tiene sentido. Si no que nosotros siempre le ponemos una para cubrir angustias. Pues creo que eso era el conflicto que he tenido internamente. Siempre he tratado de cubrir mis dolores y tormentos con diferentes sábanas porque pensaba que no había otra solución a los males que me rodeaban. Pero al finalmente entender el existencialismo, me he dado cuenta que tengo la opción de cambiar esos oscuros aspectos y seguir hacia adelante dejando todo el dolor atrás.

Esta es la verdadera razón por la cual te escribo este carta, para despedirme y para que tu también puedas seguir hacia adelante cortando las riendas del pasado y dejándote fluir por el futuro. A lo mejor lo hago simplemente porque soy mala o estoy enferma o un poco idiota, no mucho, un poco pero eso no es tan terrible. No espero que me entiendas, ya que nunca lo has hecho, pero quería despedirme ya que ya no estamos en el mismo camino...

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