Bajo un cielo caído y gris existe un movimiento letárgico
que está en el borde en que todo nace y todo muere; solo con la presencia del
observador llega a tener un poquitísimo de cinética. Una batalla de necesidades
tiene escena el horizonte. Los más pobres terminan siendo los más felices, y
los más grandiosos terminan siendo aplastados por el cielo, cayendo en la
trampa de su propia felicidad. Pero, mientras la guerra fluctúa y el cielo
sigue creciendo, hay cosas que no cambian; el movimiento de esos grandes montículos
verdes, que muchas veces no son percibidos, ya que mueren junto al resto del
mundo cuando el observador baja la vista, y el gran espejo que corta la imagen
en dos, cuya función es de reflejar el aterrador cielo mientras cae hacia el
centro de nuestra tierra. Sin embargo, en la presencia de todo este caos lento
e informe, el observador empieza a crear un vínculo amoroso y cariñoso con la
vista, un amor que nunca dejará su corazón, y que siempre estará impresa en su
mente. Verde y gris, azul y blanco, pobres y ricos, naturaleza y modernidad,
guerra y paz, todo captado en una imagen espantosamente bella.
jueves, 2 de junio de 2016
Un comentario sobre SACRIFICIO de Leonardo Oyola. Por Vanesa Kim
Un comentario sobre Sacrificio (2010) de Leonardo Oyola. Por Vanesa Kim
Rica en la violencia y la vertiginosidad que se desarrollan tanto como en la mezcla de géneros- el policial negro, el thriller, junto a lo fantástico- Leonardo Oyola nos invita a tomar parte de un laberinto que recorre las partes de Buenos Aires que en la literatura, muchas veces permanecen en silencio. Oyola inventa un mundo, con la esencia de la cultura popular, dándole un alma, un lugar de existencia, una voz y una vida. Gran parte de esta novela está construida mediante del uso de un lenguaje llano, estrechando los límites entre lo urbano y lo rural. La lectura sigue al personaje de Fátima Sánchez, una joven perseguida por tragedias, que con el trayecto del tiempo, desarrolla capacidades. Es quien también se confronta ante su rival, La Marabunta, para medir el dominio y el poder, una ante la otra.
Sacrificio perturba la mente de un campo vasto de lectores. Este se pierde en la tormenta de elementos naturales y el ensañamiento humano que propone la obra para exhibir escenas quiméricas, y a la vez, para encender la chispa de incomodidad, un rasgo del género policial. En el caso de Oyola, la literatura es elemento forjadora de la nacionalidad, y es él quien mixtura géneros e ideologías, convirtiéndose en uno de los grandes maestros de la literatura Argentina.
Un encuentro imaginario entre Morelli y Mme. Bovary de Benjamín Grande
Dos personajes de la literatura se cruzan para desencontrarse por última vez.
Por Benjamín Grande
Por Benjamín Grande
Las luces de l’Avenue du Marechal Juin consumidas por
la oscuridad, dos cuerpos muertos llevados casi colgados de los brazos de sus seres
más queridos. Llantos miserables de un pueblo perdido y un grupo reptil enterrados
en las paredes d’hôpital Bois Guillaume; una tormenta emotiva desmantelando la secretaría.
-Oh, ¡Dios mío! ¡Emergencia! ¡Ayuda!
Las cinco menos cuarto de la mañana, dos espíritus encerrados por una misma tarea, desdichada por la sociedad como asquerosa, tabú.
-Por favor, no te vayas esposa, te lo suplico corazón… vida… ¡Amor!
Sentimientos absurdos, un teléfono violentamente tirado en el suelo recién lustrado, brillando en las reflexiones oculares de personajes desgarrados.
-¡Rápido, mujer! ¿No ve que no aguanta más?
-¡Despiértese, viejo! Ya has llegado al extremo, ahora, ¡vuelva!
Ojos de la muerte abiertos, ojos de la vida cerrados, inundados. Ellos entristecidos, enojados, destrozados. Los dos restantes esperando fin, ambos pálidos, blancos de expresión, la mujer por dramática, el hombre por sabio. Dos destinos similares cumplidos en formas completamente distintas y un último camino etéreo confuso, cruces entre real y absurdo. Sonidos caóticos callados por el canto de la paz, azules siluetas surgidas de figuras inmóviles. De la muerte,
¡la vida!
-¡No! ¡Así no! ¿Por qué aquí?
-Ay, mujer, cálmese. Ha llegado al último
plano. Solo debe tomar un pa-
-¡No! Usted, hombre viejo, no sabe nada de
mis inmensurables perdidas, mis desgraciadas aventuras, ¡mis amores anulados!
-Por favor, tome un paso atrás y mire,
reflexione.
-¿Que hay para mirar? Gente sin futuro
buscando cosas vacías. No, no, así no. No quiero existir en este plano. ¡Quiero
volver! ¡No ha llegado mi caballero! Déjenme volver… por favor…
Dedos
de esencia desgarrando un cuerpo físico. Caras mudas transformadas, un bebe
hambriento, piernas movidas, ambos grupos fuera horrorizados por la mutilación
de una hermosa mujer.
-¿Qué haces, mujer? ¡No puedes volver! Por
favor reflexione, y salga de la fantasía que te has creado.
-¿Fantasía? No. Mi amor me espera en el
mundo, no aquí. Mi fin no ha llegado todavía. ¡Déjeme!
-Por Dios, mire lo que hizo. Ya nadie la
espera. ¡Monstruo! Debes salir para poder ver, y no dejarte llevar, pero usted,
usted se ha quedado atascada…
-¿Y porque entrar si debo salir? No tiene
sentido.
-No tiene solución hablarte; la dejare para
que usted sola se de cuenta de su propia realidad.
Las luces de l’Avenue du Marechal
Juin
aplastadas por la luz del amanecer, dos cuerpos muertos tirados en el piso del Centre Universitaire de Rouan. Llantos derramados de un
pueblo perdido y un grupo reptil ya no existentes; una mujer perdida, un hombre
encontrado.
miércoles, 1 de junio de 2016
Prólogo (posible) para una edición de Rayuela de Malena Galuccio
Prólogo (posible) para una edición de Rayuela: Un propuesta de cómo
los jóvenes deberían leer la novela y por qué
Malena Galuccio
Suéltense,
dejen que las palabras se entrecrucen y resuenen en sus vidas para guiarlos por
un camino de eterna profundidad. Transfórmense en hormigas rojas, exprimiéndose
por los ladrillos para encontrar el oro al fondo, no importa si se llegan a
creerse una especie de Madame Bovary para poder sumergirse en la novela; eso
sí, lo fundamental después es que tomen
la distancia necesaria para poder ingerir aquellas enseñanzas y tomarlas en
cuenta para el futuro.
Julio
Cortázar ha creado una biblia para muchos, mediante dos personajes. El lector
logra crear una identidad, tomando varios pequeños detalles de diferentes
situaciones para construir su propia imagen entre ellos. Se crean
contradicciones y uno se encuentra marcado por diferentes características; es que
la novela es como “el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas
en una mesa de disección”, como quería Isidoro Ducasse. Estos rasgos opuestos
son los que busca crear Rayuela,
contradicciones de inquietudes cargadas de belleza. La Maga y Horacio son el
ejemplo perfecto de las diferencias, un intelectual y una artista, juntos
creando la belleza.
Mientras Cortázar escribía la novela, cuenta que esperaba tener
lectores de su edad, hombres y mujeres de más de cuarenta años, pero se
encontró con que Rayuela circulaba
entre un público de lectores jóvenes, es
decir en un público que estaba en el proceso de transformación. Cortázar tuvo
varias relaciones amorosas en la trayectoria de su vida, y todas tienen un
punto en común: “todas las mujeres con las que he vivido, que no han sido
pocas, todas sin excepción me han dicho en algún momento: ´Lo que a veces es
terrible en tí es hasta qué punto eres un niño´”. Esta relación demuestra que Cortázar a lo largo de su vida
siempre estuvo en ese proceso de formación, siempre buscando detalles para
poder adquirir, y eso es fundamentalmente lo que trata de postular en Rayuela.
La lectura, la imaginación y el amor son aspectos de la cual se
van a encontrar reflexionando sobre, varias veces encontrándose de acuerdo con
la novela, pero otras veces en desacuerdo; pero esa sensacion de confusión y de
estar desacuerdo es precisamente el juego de Rayuela, el lector va
construyendo su propia identidad con las casillas de la novela.
Repito, suéltense y déjen se llevar, no tengan miedo de que todo
lo que se van a llevar de la novela serán lecciones y reflexiones. Aprovechen
leer la novela por primera vez, aunque estoy segura de que la volverán a leer
para poder exprimirla al máximo, cada vez entendiendo algo nuevo, un concepto,
una palabra, cada vez imaginando las pinturas de Klee y escuchando resonar el
jazz un poco más.
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