jueves, 2 de junio de 2016

Prosa poética: Observación del amanecer de Benjamín Grande




            Bajo un cielo caído y gris existe un movimiento letárgico que está en el borde en que todo nace y todo muere; solo con la presencia del observador llega a tener un poquitísimo de cinética. Una batalla de necesidades tiene escena el horizonte. Los más pobres terminan siendo los más felices, y los más grandiosos terminan siendo aplastados por el cielo, cayendo en la trampa de su propia felicidad. Pero, mientras la guerra fluctúa y el cielo sigue creciendo, hay cosas que no cambian; el movimiento de esos grandes montículos verdes, que muchas veces no son percibidos, ya que mueren junto al resto del mundo cuando el observador baja la vista, y el gran espejo que corta la imagen en dos, cuya función es de reflejar el aterrador cielo mientras cae hacia el centro de nuestra tierra. Sin embargo, en la presencia de todo este caos lento e informe, el observador empieza a crear un vínculo amoroso y cariñoso con la vista, un amor que nunca dejará su corazón, y que siempre estará impresa en su mente. Verde y gris, azul y blanco, pobres y ricos, naturaleza y modernidad, guerra y paz, todo captado en una imagen espantosamente bella. 

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